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¿Y si sí? El orgullo que los analistas no pueden medir

Estoy tan cansado de aquellos que critican solo para ser diferentes; de los que lo hacen por llevar la contraria, intentando demostrarnos que criticar significa “saber más que los demás”. Nosotros, los simples mortales, solo vimos a un equipo dejar hasta la última gota de sudor para devolverle a la afición toda la pasión y el entusiasmo desatado en cada rincón del país.

Hoy no se trata de analizar estructuras del juego, errores puntuales de la zona defensiva o los cambios del director técnico. Entiendan, analistas expertos, que no se trata de ponerle nombre al error o a la eliminación, ni de buscar y señalar a un culpable. El fútbol tiene esta magia porque, a veces, simplemente no hay nadie a quien ponerle la soga al cuello. Hay veces que solo queda aplaudir mientras las lágrimas caen por las mejillas. Todo el que entienda de fútbol y tenga algo de sentimiento por este bonito deporte, se enamoró de México en este Mundial.

No se trata de falsear la realidad diciendo que se logró lo mismo de siempre. ¡No es así, chingao! ¿Cómo va a ser lo mismo? Este combinado mexicano unió a un país dividido y polarizado políticamente. Llenó de orgullo el pecho de cada hijo de esta tierra, convirtiéndonos —como dice el himno más bonito del mundo— en un soldado para enfrentar al enemigo que osó profanar con sus plantas nuestro suelo. Millones celebraron cada gol pensando que «sí se podía», reflejados en el corazón de Erik Lira, en la brillantez de Quiñones, en los testarazos de Raúl Jiménez, en el sacrificio del “Piojo” o en la calidad innata de Gilberto Mora.

Esta selección no hizo lo mismo de siempre… hizo infinitamente más. Este año ilusionó a todo un país con buen fútbol, pero, sobre todo, con una garra y un sacrificio inigualables. Estoy orgulloso de lo que dieron. Me cansa oír a aquellos que piensan que México tiene que ganar obligatoriamente a selecciones como Inglaterra, Argentina o España; combinados que cuentan en sus filas con jugadores de la élite mundial.

Entendamos que nuestro país llevaba a un gran número de futbolistas que juegan en equipos locales, seguramente por las políticas de los dueños de los clubes en la Liga MX. Actualmente no tenemos referentes en el Manchester City, Real Madrid, PSG, Barcelona o Bayern de Múnich. México es lo que puede ser hoy en día, y por eso mismo, todo lo logrado se multiplica por diez. Otro debate sería analizar los motivos por los que esto ocurre, pero sería muy largo de platicar.

Nuestros jugadores demostraron que pueden jugar en cualquier equipo y pelearle el puesto a quien sea. Ver al final del partido a Anthony Gordon (F.C. Barcelona) sin poder trotar por el cansancio; a Jude Bellingham (Real Madrid) sufriendo para detener el empuje de jugadores como el “Piojo” Alvarado; al top mundial Harry Kane (Bayern de Múnich) rezando para que todo acabara; o a Jordan Pickford (Everton F.C.) caer rendido al césped cuando sonó el silbatazo final, habla de la grandeza de México.

Por lo tanto, no puedo consentir que digan que es lo mismo de siempre. México hizo lo que hacía mucho tiempo no se veía: ilusionó a todo un pueblo. Y todos, repito, todos, pensamos en algún momento:

¿Y si sí? Con eso es con lo que me quedo.


Iván Larriba: Periodista – Editorial