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Ir a desayunar este domingo (Opinión)

EDITORIAL.- Mientras el país ardía con narcobloqueos, fuego y sangre derramada, quiero confesar que la culpa me invadía por ir a comprar el desayuno. Era domingo, día de menudo y barbacoa. Las calles en medio país estaban atravesando una situación terrorífica por el caos generado tras el abatimiento del Mencho, uno de los narcos más buscados del mundo y por el que Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares de recompensa. Cuando el humo dificultaba respirar y el sonido de las balaceras se mezclaba con el de las lágrimas de miles de mexicanos, yo estaba comprando menudo y pensando si esa tarde íbamos a ir al río a dar un paseo o a la plaza.

Se veía tan lejano todo…

Fue entonces cuando entendí que vivir rodeado de seguridad no tiene precio. Quiero destacar que NO ES INSEGURIDAD cuando nos quejamos colectivamente porque nos pararon en la carretera los estatales y nos querían revisar. Es parte del trabajo de los uniformados para ser el segundo estado más seguro del país. (INEGI) Entendemos que cuando tenemos todo pagado y al día… placas, seguro, licencia… la vida es más fácil y el retén deja de ponerte nervioso.

Claro que hay y habrá malos elementos en las fuerzas policiales. (No lo dudo, yo me he topado con algunos). Y abusos de autoridad que hay que combatir educando a los elementos de policía para entender que son servidores públicos y que la ciudadanía debe ser apoyada en todo momento. Sin embargo, ante tales elementos y circunstancias, lo que debe prevalecer, por norma general, es el obrar rectamente.

Ayer, entendí que en Coahuila se vive diferente y que eso conlleva un gran trabajo de las autoridades. No voy a ser muy enfático en agradecer, pero sí quiero ser justo. Porque entiendo que este debería ser el sentimiento que en todo México deberíamos tener. El de la seguridad y la paz. Creo que es justo reconocer a los que han podido lograr que, aquí en esta bendita tierra, podamos ir un domingo como el de ayer a comprar menudo sin temor a caer en un narcobloqueo, a que nos maten por mala suerte o a tumbarnos detrás de una pared a esperar que pasen las balaceras.

Aunque no dejo de sentirme mal por los demás mexicanos… este sentimiento de solidaridad se mezcla con la culpa por por esbozar una sonrisa al mirar por la ventana y no ver ni humo, ni escuchar balaceras, ni sentir temor…

Gracias Manolo, por si nadie te lo había dicho…