alta presión
Clemente Mancillas Dávila, Columnista

Ya en la segunda década del siglo XXI, se esperarí­a que en este México lindo y querido hubiéramos avanzado lo suficiente como para dejar lastres que enturbiaron la vida de los mexicanos y evidenciaron le hegemoní­a que tení­a un partido polí­tico.
A cerca de 45 años del octubre rojo o la matanza de Tlatelolco y a poco más de 42 del llamado “halconazo”, ambos hechos registrados en la capital del paí­s y ambos reprimiendo manifestaciones, hoy en dí­a esta metrópoli se sigue colapsando con marchas y plantones.
Es obvio que quienes se agrupan por estar en contra de decisiones gubernamentales, dicen y aseguran tener la razón de sus manifestaciones, sin embargo las medidas tomadas quedan ahora para el escrutinio del resto de los mexicanos.
A diferencia de los años 68 y 71, ahora estamos en una sociedad que tiene mayor acceso a la información y por tanto, es más susceptible de formar opiniones encontradas, ante el escenario que dí­a a dí­a nos presentan los medios nacionales, que dicho sea de paso, en esos tiempos era todo lo que llegaba a lo que los capitalinos llaman la provincia de México.
Si bien es cierto que aun hay muchos rincones del paí­s, que no tienen acceso a la información a través de las nuevas tecnologí­as, también es cierto que un altí­simo porcentaje de los mexicanos, ya podemos acceder a aparatos diferentes a la televisión y la radio para informarnos.
Como un referente, en el norte del paí­s, los alumnos del nivel básico, pasaron con calificación de 7.5 mientras que en algunos estados del sur fueron calificados con 6.3 de promedio, según un estudio del Instituto Tecnológico de Monterrey.
Si utilizáramos la lógica, entenderí­amos que una de las razones puede ser que los maestros de esas regiones, primero, frecuentemente se mantienen en paros de labores y segundo no permiten ser evaluados para determinar si están aptos para impartir clases.
Lo que nos hace ver que sus demandas son injustas ante la reforma educativa, principalmente donde pide, que todo maestro se gane sus plazas de acuerdo a sus capacidades y que por lo menos sean evaluados para ver si son aptos para estar frente a un grupo de alumnos y no de manifestantes.
Aunque es reprobable e inadmisible el uso de la fuerza para detener y diluir manifestaciones como la de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación la CNTE, también los gobiernos ya debieran haber aprendido a oprimir los botones adecuados para llegar a las negociaciones que mantengan el orden y la paz social.
Es claro que al  gobernar una sociedad más informada, ahora los poderes de nuestro paí­s, reciben más crí­ticas por la tolerancia que demuestran ante los hechos y sin duda, se pone en tela de juicio la capacidad de dirigir un paí­s, cosa que seguramente será criticada principalmente por los aliados comerciales de México.
Mientras que por un lado, analistas polí­ticos y eruditos en la materia, opinan que hay un sesgo partidista polí­ticamente hablando, por otro lado se especula mucho sobre la posibilidad una cortina de humo para las grandes negociaciones de la actualidad, llamadas reforma energética y pacto por México.
Por lo pronto, seguiremos haciendo el ridí­culo ante el mundo, porque mientras son peras o son manzanas, no es congruente que en un paí­s tan bajo en el nivel educativo, los maestros de las escuelas públicas, se manifiesten en contra de ganarse sus puestos y principalmente porque no quieren ser evaluados en sus capacidades como docentes.

DEJA UNA RESPUESTA