alta presión
Clemente Mancillas Dávila, Columnista

Como en la mayorí­a de las ciudades, el desarrollo va acompañado de un aumento considerable en los problemas sociales, como pandillerismo, falta de infraestructura e indudablemente la perdida de la sensibilidad entre la sociedad y las autoridades.
En esta ocasión me referiré a este bello puerto fronterizo, ciudad Acuña, en donde se añoran los años setentas y ochentas, cuando todos nos veí­amos con respeto y se podí­a andar en la calle a cualquier hora del dí­a, sin preocupaciones.
Además en esos agradables tiempos, todos nos ayudábamos cuando algún hermano caí­a en desgracia y por si fuera poco, nos recomendábamos entre sí­ para que nos atendieran en las dependencias de gobierno o en la industria maquiladora.
Ahora todo eso se ha quedado atrás y tal pareciera que ni a la autoridad ni a la sociedad en general nos interesa nuestro entorno social, llámese colonia, barrio, centro comercial, sector, ejido o cualquier tipo de desarrollo habitacional de los que hay en la ciudad.
Por si fuera poco nos importa nada, que toda la ciudad esté llena de basura y que uno de los iconos de este bello puerto fronterizo, como lo es el arroyo las vacas, este hecho un desastre ecológico y con un aspecto deprimente.
Con el paso del tiempo, la sociedad se ha vuelto insensible a la mayorí­a de las necesidades de nuestros vecinos o conciudadanos; cuantas veces no vemos que personas, aparentemente sanas, ocupan cajones de estacionamiento de discapacitados en oficinas públicas o centros comerciales.
Cuántas veces no hemos visto también, que los conductores de automóviles, no respetan los señalamientos de tránsito, como los lí­mites de velocidad, los carriles de circulación o las reglas sobre la transportación de niños en los automóviles o motocicletas.
No cuidamos el agua y hacemos derroche de un recurso natural que cada dí­a es más escaso en el mundo y que nadie se atreva a decirnos nada porque lejos de reflexionar, nos echamos encima con insultos que van desde un recordatorio familiar hasta amenazas de muerte.
Estudiosos en fenómenos sociales, aseguran que las ciudades que tienen un crecimiento como el de este municipio, tienen la particularidad que se le conoce como  falta de identidad de sus habitantes, lo que trae como consecuencia una falta de compromiso con el lugar donde viven.
En qué momento nos hicimos tan insensibles?, cuando perdimos la identidad con esta ciudad?, (si es que la tuvimos); esta ciudad nos ha dado todo lo que hoy poseemos y si bien es cierto difí­cilmente nos olvidaremos de nuestra tierra natal, también es cierto que aquí­ nacieron nuestros hijos y ya echamos raí­ces que hay que cuidar.
Por otro lado, que han hecho o dejado de hacer las autoridades, para que este pueblo se haya descompuesto y aun peor, ¿cuándo comenzaran a hacer algo por controlar y ordenar los asuntos que nos lleven a tener una mejor ciudad?
Basta ver la indiferencia que hay ante la falta de alumbrado público en la ciudad, tal pareciera que hay contubernio entre autoridades y ladrones para que, al amparo de las sobras se robe y asalte a quienes con tanto esfuerzo han logrado obtener algunos bienes.
Es lamentable la insensibilidad de los ministerios públicos, que con el argumento que tienen mucho trabajo, no atienden las demandas que ellos consideran menores, pero que para los afectados es grande, al grado de que lo que les roban, puede representar toda una vida de esfuerzo y dedicación.
Con los últimos reportes de la población, me queda claro que tanto ciudadanos de acuña, como autoridades de todos los órdenes de gobierno, hemos caí­do en una zona de confort ahora, hacemos oí­dos sordos y  nos hacemos de la vista gorda ante lo que parece ser una caí­da estrepitosa, en la descomposición social, que sin duda con el paso del tiempo nos daremos cuenta que el costo será muy elevado.
Mientras tanto, seguiremos “disfrutando”, que la autoridad, no nos sancione; por estacionarnos en lugares prohibidos, por tirar basura por toda la ciudad, por hacer uso indiscriminado del agua, por robar a los vecinos y a las mismas autoridades, que al fin de cuentas yo soy de Veracruz, de la laguna, de zacatecas o de cualquier parte del paí­s, menos de Acuña.

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